viernes, 11 de enero de 2019

El bosque de los suicidios


Titulo: El bosque de los suicidios
Título original: The Forest
Año: 2016
Duración: 93 min
País: Estados Unidos
Dirección: Jason Zada
Guión: Nick Antosca, Sarah Cornwell, David S. Goyer, Ben Ketai
Música: Bear McCreary
Fotografía: Mattias Troelstrup
Reparto: Natalie Dormer,  Taylor Kinney,  Yukiyoshi Ozawa,  Eoin Macken,  Rina Takasaki, Kikuo Ichikawa,  Noriko Sakura,  Yûho Yamashita,  Stephanie Vogt,  James Owen, Nadja Mazalica,  Terry Diab
Productora: Gramercy Pictures / Lava Bear Films
Género: Terror. Thriller | Sobrenatural
Sinopsis: Sara es una chica estadounidense que busca a su hermana gemela desaparecida en el bosque Aokigahara, a los pies del Monte Fuji en Japón. A pesar de las advertencias de todo el mundo para que no entre en el bosque, la joven acaba yendo para descubrir la verdad sobre lo sucedido y averiguar el destino de su hermana. Sin embargo, se tendrá que enfrentar a almas atormentadas y muertos que se aprovechan de cualquier persona que vaga por ese bosque.


CRITICA


No es nada habitual encontrarse dentro del género de terror con una película que esté por encima de las expectativas. 

Al revés, la inmensa mayoría sucumben a la mezcla destructiva que resulta de un bajo presupuesto, unos actores de bajo perfil y sobre todo una dudosa historia. Como se estarán imaginando ‘El bosque de los suicidios’ está por pleno derecho dentro de éstas últimas, consolidándose como una de las peores películas de lo que llevamos de año. La película además incurre en multitud de problemas, los cuales su director el novel director de videoclips y experto en marketing digital Jason Zada– no ha sabido solventar a pesar de en esta ocasión sí tener una historia y una ubicación con potencial más que suficiente: el bosque de Aokigahara.





Antes de adentrarse en el calamitoso cúmulo de errores que hacen del film una pérdida de tiempo, es interesante al menos ahondar en la historia de Aokigahara, lugar que sí merece la pena detenerse por unos instantes. El bosque de Aokigahara está ubicado en Japón al noroeste del Monte Fuji, sobre una cama de sedimentos muy fértiles gracias a las antiguas lenguas de lava que durante siglos expulsó el volcán. Ya desde los más antiguos escritos y poesías que recorren la mitología japonesa se dotaba al bosque de un encantamiento y maleficio que provocó que sobre él mismo se creara un aura de misticismo inigualable. Dicha leyenda se incrementó tras la época feudal japonesa, cuando las hambrunas y enfermedades asolaban la población y recurrían al bosque para abandonar a los más débiles, niños y ancianos, quienes tendrían más complicado sobrevivir ante tan complicada situación. Ya desde principios del siglo XX el bosque era uno de los lugares preferidos por los nipones para morir (Japón es el país del mundo con mayor número de suicidios) algo que para más inri se fomentó tras la exitosa novela del prestigioso escritor japonés Seicho Matsumoto, El negro mar de árboles, en la que uno de sus protagonistas se adentraba en el bosque para morir. El bosque ha aumentado su popularidad e incluso se sitúa como uno de los sitios con mayor número de afluencia de turistas, un lugar siniestro con un aura especial en el que la ausencia de animales y la escasa luz provocan que domine en él una extraña sensación de calma, casi mágica. Hoy día los visitantes que allí entran cuentan cómo sorprende ver la cantidad de restos, cuerdas y cordones para no perderse así como una gran cantidad de carteles que animan a no suicidarse y a pensar en las familias. ¿No me dirán que no hay una gran materia prima para realizar un trabajo más que notable?

Protagonizada por Natalie Dormer más popular por la serie Juego de tronos y por su azulada mirada felina que por sus dotes interpretativas y por Taylor Kinney modelo y actual pareja de la rareza humana llamada Lady Gaga, la película tiene un comienzo esperanzador: Sara (Dormer) recibe una llamada que le indica que su hermana gemela Jess ha desaparecido al adentrarse en el bosque Aokigahara, algo que motivará a la protagonista a viajar hasta Japón con el único objetivo de encontrar a su hermana, fundamentalmente con vida, a pesar de los riesgos que la empresa pudiera conllevar. Sara decidirá introducirse en solitario en el bosque con la esperanza de encontrar indicios sobre su hermana, momento en el que conocerá a Aiden (Kinney), un reportero que le animará a acompañarlo juntoa un guía del bosque. Ya dentro de Aokigahara, Sara se encontrará con Michiko y restos de la tienda de su hermana. A partir de ahí empezará un juego de misterio y yüreis (fantasma según la mitología japonesa) que harán que la protagonista dude de lo que ve y siente.

La película utiliza el flasback a medida que la historia se va desarrollando, algo que ayudará a entender levemente la relación entre las gemelas y el pasado familiar y a su vez tratar de entender los motivos que llevaron a Jess a adentrarse en tan siniestro bosque. El problema del film radica en la desgana y poca intensada con la que está rodada, algo que a pesar de su temática la hace morosa en gran parte de su desarrollo. Dormer trata a través de su mirada y gestualización provocar la empatía y el temor en el espectador, sin embargo lo tibio del libreto y la falta de chispa emocional en varios momentos clave de la película provocan la ausencia total de interés en el devenir de la trama. La banda sonora, realizada por Bear McCreary (habitual de series como Battlestar Galactica, The Walking Dead o Da Vinci’s Demons) es de manual, aprovechándose de los clásicos sonidos huecos y susurrantes para potenciar la tensión de las secuencias, algo que logra parcialmente dada la poca intensidad y el sinsentido en muchas de las decisiones que la protagonistas va tomando en el transcurrir del film.

En definitiva una película de muy pobre resultado, con una filmación excesivamente clásica de cine de terror con fantasmas en la oscuridad, con poco riesgo e innovación y donde tan sólo me complace moderadamente cierta resolución final. Dormer pone todo de su parte en un producto vacío a pesar de la historia y del propio bosque, un lugar con historia sobre el que no es la primera película que se filma: en él se desarrolla lo último de Gus Van Sant (The see of trees) con McConaughey, Watanabe y Naomi Watts, estrenada a concurso en Cannes 2015 y al parecer con también un pobre resultado; amén de la versión japonesa de Tomoyuki Takimoto en 2004 y llamada Ki no Umi.

Deficiente debut de Jason Zada, quien deberá de ofrecer mucho más en su próximo film si quiere ganarse la vida como realizador de largometrajes. 


Lo mejor: El suspense inicial. La resolución.
Lo peor: Todo lo demás. La falta de intensidad de toda la narración.


NOTA: 1/5

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